Las Noches Habitadas

Basada en la novela de Alma Delia Murillo

LOGLINE

Carlota, Claudia, Magdalena y Dalia son cuatro mujeres unidas por el insomnio que padecen; cada una encarna una crisis decisiva que va desde la mirada mordaz de una adolescente que está obsesionada con perder la virginidad pero se siente inadecuada, la frustración de una mujer atrapada en la vida doméstica, la insaciabilidad emocional a pesar del éxito profesional… hasta el tormento de una relación prohibida que cruza los límites de lo moralmente permitido. De la mano de un terapeuta y en el espejo de la otra, entenderán que el camino de la transformación no puede suceder sin atravesar la renuncia de un viejo yo, y quien se resista, tendrá un final fatal… 

ESTRUCTURA

Las Noches Habitadas es un thriller psicológico de cuatro episodios. Al inicio del primer episodio, de una manera delirante y sugestiva, se presentará un collage de diferentes voces en off con las preocupaciones de cada una de ellas. El crescendo de estas voces, culmina con el disparo en seco de un arma, sin saber quién la activó ni por qué. 

A partir del segundo episodio, el inicio de cada uno –previo a la introducción– escucharemos la voz en off por separado de cada una de ellas (como ese juez que todos llevamos dentro y no nos deja dormir) mientras siguen una rutina para sobrellevar el insomnio: Carlota en sus escapadas a la cocina; Claudia yendo a la solitaria terraza del edificio en el que vive, Magdalena teniendo encuentros sexuales para aplacar la inmensa soledad y Dalia escribiendo cartas a su amado y bebiendo hasta quedarse dormida. 

A partir de que estas cuatro mujeres comiencen a ir al mismo terapeuta con el fin de ponerle remedio a sus largas horas sin dormir, sus vidas se entrelazarán.

MANIFIESTO

Las Noches Habitadas retrata cuatro sofocantes realidades que aspiran a cambiar el rumbo desde el profundo cuestionamiento de sus limitaciones. ¿Qué hacen cuatro mujeres despiertas toda la noche?

Esta historia pretende ir al núcleo de una identidad femenina en una sociedad decadente como la actual en la que hay una rampante aspiración a la perfección y a la suficiencia. Una suficiencia construida en la competencia entre mujeres e incentivada por la cultura del mérito. 

En la actualidad, donde la felicidad es una obligación que debe lograrse a costa de lo que sea y que está definida en un éxito profesional, una pareja plena, un físico atlético y atractivo o la fotografía de la familia perfecta. Con estas expectativas en la mira, lo único que hemos logrado es una sociedad tan preocupada como exhausta; cansada de intentar llegar a estos parámetros que, de fondo, ni siquiera hemos cuestionado, simplemente son heredados y responden a la idea del deber ser de alguien más. Estas expectativas desembocan en Carlota, Claudia, Magdalena y Dalia, nuestras cuatro mujeres protagonistas cansadas de día y meditabundas en la oscuridad.

Durante la adolescencia, se presenta una duda sobre las instituciones, la autoridad y lo impuesto… Con el tiempo, esta duda se apaga y se va resignando hasta volvernos presas de nuestras propias decisiones; entonces, nos sentimos incapaces de dar un vuelco y vivimos la vida con frustración o victimismo. Las Noches Habitadas retrata cuatro sofocantes realidades que aspiran a cambiar el rumbo desde el profundo cuestionamiento de sus limitaciones. Desde luego, no todas estamos listas para cambiar o pocas estamos dispuestas a enfrentar el peso de nuestras decisiones pero la idea de hacerlo posible provoca imaginar una vida mejor, una vida más auténtica.

De hecho, por el contexto que las acerca a la realidad de la otra, desean la vida que aparenta la otra aunque en el fondo solamente exista un abismo de dudas y miedo manifestados en el insomnio que todas comparten. 

La experiencia de estas cuatro mujeres nos devuelve a esta oportunidad de cuestionar a fondo dónde estamos paradas y qué vida es la que deseamos vivir.

SINOPSIS

La sombra de unos pies se arrastran de la cama deshecha a una esquina. Los pasos son cansados, de fondo, escuchamos unos sollozos de mujer. Seguimos las pisadas hasta otra habitación, en el suelo se ve reflejada la luz de la luna. La sombra de la mujer se sienta en la esquina de una habitación. Los sollozos incrementan en volumen y en frecuencia: está desesperada. En el ambiente se empiezan a escuchar voces de diferentes mujeres juzgándose a sí mismas en coro, en murmullo. Le sigue un momento de silencio, de decisión: Suena un disparo en seco y la caída de un cuerpo en el piso de madera y las voces cesan. 

La historia inicia con MAGDALENA (50s), una mujer de físico atlético, estilo elegante que se besa con desenfreno con un hombre de quien no podemos ver el rostro. Magdalena se deja tocar, las respiraciones de ambos incrementan. En eso, un golpe a la puerta los interrumpe. El hombre voltea y deja ver a LEONARDO, un joven guapo con cara de niño. Magdalena y Leonardo se ponen el dedo en la boca haciendo shhh y se ríen, aunque todos en el baño público ya saben qué están haciendo ahí. Seguido de eso, Leonardo saca una bolsa pequeña de plástico con unos cuadros pequeños de papel con un dibujo infantil. Leonardo le pide que abra la boca, Magdalena lo hace coqueta y deja que Leonardo le coloque el papelito. Leonardo la sigue haciendo lo propio con la segunda dosis. 

Magdalena y Leonardo salen del baño, cruzan el lugar de la fiesta en un antro y bailan, gozan. A pesar de la edad de Magdalena, ella disfruta como una adolescente, comienza a beber cada vez más. Eufórica, se sube a la barra y comienza a quitarse la blusa, seguido del sostén para dejar su torso descubierto. Todos en la fiesta aplauden, la celebran como si se tratara de una rockstar. Ella, gozosa, se pone en cuatro bailando al ritmo de la música. Dos hombres jóvenes se acercan a bailar con ella mirándola desde abajo de la barra, la noche se torna cada vez más salvaje. 

En la madrugada, Magdalena llega a la puerta de su pent-house con el rimel corrido y disminuida por semejante fiesta de la que acaba de salir. La sigue Leonardo, quien la mete al departamento de una nalgada, ella se excita y comienza a besar de nuevo. Cierran la puerta detrás y descubrimos desde ese punto de vista cómo CLAUDIA (40s) ojerosa y en camisón largo, observa curiosa desde la ventana de la cocina, su mirada examina a la mujer que tiene delante… Se sirve un té y se dirige hacia su habitación y al vestidor que tiene una una hilera de ropa de mujer y al lado opuesto, de hombre. Claudia comienza a hurgar entre las bolsas interiores y exteriores de sacos y pantalones de hombre. Encuentra cosas insignificantes: monedas, tarjetas de presentación… su desesperación incrementa y arranca del tubo del clóset todas las prendas, las hurga, las sacude, las avienta. De pronto, Claudia está en medio de una montaña de ropa de hombre con cero pistas. Se tira al suelo cansada absolutamente de todo. En eso, escucha pasos en en la casa… 

Es CARLOTA (15), adolescente, con un corte de pelo medio emo y más robusta de lo que la sociedad acepta. Llega a la cocina, prende la luz , abre el refrigerador y saca del fondo de este un pastel de chocolate. Carlota mira con deseo el merengue, toma un cuchillo y corta una rebanada delgada. La mastica e intenta disfrutar pero no le es suficiente… se mete el resto de un solo bocado llenando por completo su boca. Carlota corta un pedazo más grande y así de grande se lo engulle. La acción se vuelve cada vez más frenética hasta que Carlota escucha un ruido desde la habitación de su madre y guarda lo que queda de pastel todavía con la boca llena pensando que será descubierta aunque Claudia tiene por el momento las manos ocupadas en los sacos de su padre. Carlota regresa a la habitación. Claudia, recostada, intenta conciliar el sueño pero no puede. Saca su celular y envía un mensaje a Dalia, se muestra el historial de una conversación en la que solo ella escribe: “¿todo bien?”. Del otro lado de la pantalla, DALIA (30s) lee el último mensaje de su hermana sin abrirlo. Dalia escribe a mano rodeada de botellas pequeñas de brandy, mientras el reloj marca las 3:00 a.m.

Magdalena sigue la rutina de una ejecutiva exitosa, en la oficina todos la saludan con respeto, y usa a favor su apariencia imponente para conseguir lo que desea en el mundo empresarial híper masculinizado –del que también es víctima– como en los placeres sexuales; aún así, ha sido incapaz de tener una relación estable, cosa que le pesa y manifiesta constantemente en su cabeza en las noches de insomnio. Sale y tiene relaciones sexuales con varias personas a la vez –incluso con mujeres– pero últimamente, Leonardo (el hombre con cara de niño) le ha llamado más la atención. Magdalena desea repetidamente estabilidad y la paz que podría conseguir como la que supone que tienen sus vecinas Claudia y su hija adolescente Carlota.

Carlota tiene una relación distante con su madre Claudia, quien le parece una pobre víctima de sus circunstancias, incapaz de salir del hoyo en el que está. Carlota es brillante, con un gran sentido del humor y bastante esnob. Domina Shakespeare y le encanta coleccionar palabras favoritas como: emular, psyche o descomunal. Tiene una sola amiga, Federica, a quien cela por lo que puede obtener por el simple hecho de ser delgada y bonita, como la atención de Julián, el chico que a Carlota le atrae. El universo adolescente de Carlota es de amigas y rivales, amores platónicos y dramas contemporáneos. Carlota resalta entre ese universo porque no se siente parte de él. Prefiere irse a la biblioteca o a veces charlar con Federica sobre la virginidad, quien ya tiene planes de perderla pronto… lo que la hace sentirse presionada para que ella busque un cómplice con quién perderla. Carlota se empieza a sentir desplazada: alguien, que no es ella, ocupará la atención de su amiga.  

Claudia se levanta y arregla lo mínimo. Llega a la cocina y descubre un paquete, lo desenvuelve: es la cafetera nueva. Claudia intenta ver el instructivo para hacerla funcionar pero le cuesta, se siente inútil. Llama a la empleada doméstica para que lea el manual y lo haga por ella. Toma el teléfono y le habla a JM a la oficina, la secretaria le dice que no está. Claudia decide ir a la oficina de JM y lo ve salir, comprobando su sospecha. JM toma un taxi, Claudia lo sigue.

Dalia lleva varios días en cama. Su teléfono no ha dejado de sonar pero no le interesa. Está agotada y vive como una ermitaña. Recibe llamadas constantemente de su hermana Claudia pero las ignora. También la busca su editora, quien le recuerda el deadline que tiene para entregar la crónica de su viaje a la India. Este recordatorio a Dalia le detona tristeza. A veces, a pesar de su depresión, se logra sentar frente a la computadora con una hoja en blanco, hace intentos de escribir, se siente incapaz. Va a la farmacia y pide sus ansiolíticos de siempre pero la que atiende le dice que ya no le vende el medicamento sin receta; Dalia intenta sobornar a la empleada pero es imposible. Desesperada, va a casa y busca hasta por debajo de las alfombras sus medicamentos: nada. En sus episodios de tristeza, manda notas de voz a un contacto hasta ahora desconocido. Por lo que dice, entendemos que es un amor imposible. 

Magdalena va donde su psicólogo, MARIO ALCÁNTARA (40s), por el trato que tienen, comprendemos que tienen una relación de varios años, una relación con tensión sexual. En las sesiones, Mario le pregunta si ha logrado sobrellevar el insomnio mejor, ella le miente y le dice que sí pues por dentro piensa en la de fiestas a las que ha ido para evadir su situación real: lleva meses de no poder conciliar el sueño. La madre de Magdalena la busca con la intención de reconectar pero Magdalena la evita, descubrimos que la relación que tiene con ella es chantajista y que Magdalena está cansada de solucionarle la vida, de mantener su enfermedad. En terapia revela que le desea la muerte. La relación entre Magdalena y Leonardo parece ir más en serio, ella comienza a dejar de salir con otras personas. 

Claudia disimula su tristeza y le dice que sufre de insomnio

Claudia descubre que JM le ha estado mintiendo. En su cabeza se empieza a hacer ideas de por qué él le es infiel, diciéndose tonta, fea y dejada. Claudia va en la madrugada a la terraza y llora desconsoladamente, donde se encuentra con su vecina Magdalena, quien nada en el roof las noches que no ve a Leonardo. Magdalena se da cuenta del estado de Claudia y le pregunta por qué está despierta tan tarde en la noche. Claudia disimula su tristeza y le dice que sufre de insomnio; Magdalena la escucha y le recomienda a su terapeuta: Mario Alcántara. Claudia reconsidera lo idealizada que tenía a su vecina. Claudia fantasea con la idea de que seguramente JM coge con mujeres como Magdalena, mujeres más interesantes, aunque eso sí, “putas”.

Carlota se siente cada vez más incómoda entre los adolescentes de su edad y prueba ponerse una faja, la cual le lastima y se le rompe a la mitad de la clase. Por suerte, nadie se ha dado cuenta pero este episodio la devasta. Por si fuera poco, su madre le ha dicho que irán al psicólogo que su vecina les recomendó para tratar el insomnio, aunque Carlota identifica que la preocupación de su madre tiene que ver con la comida. Carlota se resiste pero Claudia la convence diciéndole que ha escuchado que dormir bien puede ayudarla con la ansiedad y la comida. 

Dalia contesta finalmente la llamada de Claudia. Claudia le dice que Magdalena le ha pasado el contacto de un terapeuta para tratar el insomnio y que tanto ella como Carlota irán para tratarse y que ella debería de ir también. Dalia le dice que no le interesa, le miente diciéndole que está muy ocupada tratando de terminar una crónica aunque la hoja en blanco del procesador de texto sigue incomodándola. Cuelgan. A Dalia se le prende el foco, Dalia se pone en contacto con Carlota y le dice que necesita que le consiga sus ansiolíticos ahora que va a consulta con el médico. Dalia amanece, continúa mandando notas de voz a un ser desconocido; aunque por primera vez vemos una fotografía de él que ella envía en una conversación de Whatsapp: es una imagen que muestra a una Dalia radiante abrazada de un hombre menor que ella; ambos vestidos con saris en un mercado de la India. 

Magdalena y Leonardo se escapan un fin de semana a una casa de campo. Magdalena se siente cada vez más segura con él, aunque sus insomnios no han cesado. Un día, se reúne con su mejor amigo que viene de Granada, Fernando, con quien intuimos que tuvieron una historia pasional antes aunque él ahora es un declarado homosexual.Se divierten haciendo remembranzas de sus locas aventuras en un viaje a España donde fueron asaltados por unos gitanos la noche que hicieron un trío. Con Fernando puede ser 100% honesta, se siente cómoda; así, Magdalena le confiesa a Fernando que se siente cada vez mejor con Leonardo; Fernando se siente feliz por ella aunque algo no le late del todo.

Claudia va a la primera sesión con el psicólogo Mario Alcántara. Ella comienza a abrirse con Mario hablando de la pésima relación que tiene con su hija Carlota. Mario intuye que algo más la aqueja y le pregunta acerca de su matrimonio, ella se cierra y dice que en realidad con JM todo va muy bien y pinta un panorama normal. Mario la confronta con preguntas, Claudia empieza a llorar sin control y sale de la sesión sin ni siquiera despedirse, le marca a JM quien no le responde, su crisis nerviosa incrementa. Está desbordada, arranca y va a toda velocidad hasta casi chocar. 

Carlota comienza a pasar menos tiempo con Federica porque esta se hace novia de Julián, lo que a Carlota le detona enojo y una sensación de traición. Sin embargo, comienza a ir al psicólogo y en las sesiones se va desenmarañando su problema con el merecimiento, problema que tiene origen en la imagen que tiene de su propia madre y que se ve reflejado en el poco amor que siente por su propio cuerpo. En esa sesión, Carlota le pide a Mario los ansiolíticos que le pidió su tía Dalia, pero Mario le dice que por ahora no las necesita y la cuestiona para llegar al fondo de su inquietud por tomarlos. Mario no se queda conforme con la explicación pero no dice nada. Federica le pide a Carlota que entre al grupo de teatro para espiar a Julián, Carlota accede aunque sabe que la está usando para sus intereses; Julián y Carlota comienzan a tener un vínculo más cercano, la pasan bien juntos. Aún así, comienza a desarrollar cierta atracción por el brillante profesor de teatro del taller, Fabián, quien podría ser un posible cómplice para perder la virginidad.

Dalia amanece con los ojos hinchados, se voltea en la cama y ve el rostro de Adrián, el mismo rostro que hemos visto antes en la fotografía de su celular. Dalia la ignora como suele hacerlo y empieza a beber más de la cuenta para sustituir el efecto adormecedor. De manera más frecuente, comienza a tener alucinaciones de Adrián que nos llevan a manera de flashbacks al apasionado pasado que vivió con él.

Claudia se entera vía Mario que Carlota le pidió ansiolíticos, lo cual a Claudia la extraña y entiende de quién viene esa petición en realidad. Claudia le marca a su hermana, molesta, y le pide que no vuelva a buscar a Carlota para conseguir ese tipo de cosas. Que en todo caso, vaya con el médico. Claudia le dice fríamente que está enferma y debería de atender su problema. Por la noche, JM llega a dormir. Claudia logra conciliar el sueño con unas nuevas pastillas que está probando pero la despierta JM, quien sale a hurtadillas de la habitación. Claudia se da cuenta y le sigue. JM sale del edificio y se encamina a otro sitio; Claudia toma un taxi para pasar desapercibida y descubre que JM entra a un edificio de departamentos: en la puerta lo recibe una mujer.

Claudia, eufórica, confirma sus sospechas. Suelta aire, y llora en un parque aunque no de dolor, sino de alivio. Su alma descansa.

A la noche siguiente, cuando JM llega “de trabajar”, Claudia le propone empezar a ir a terapia de pareja, esto a JM lo toma por sorpresa pero acepta. En uno de los sueños de Dalia, conocemos su infancia y su relación desde niña con Adrián. En ese juego, una Claudia más pequeña los observa con curiosidad. Dalia va a la primera y última sesión con Mario Alcántara. A través de Mario, comprendemos que le incomoda hablar de la familia, todavía más de la pareja: algo le duele demasiado, algo de su pasado la perturba y le hace sentir una culpa inmensa. Dalia logra desahogarse aunque solamente un poco pues sincerarse la ha puesto más incómoda. Al final de la sesión, Mario le da la receta de los ansiolíticos y le dice que la esperará la siguiente semana. Dalia la arrebata y le dice que sí aunque tanto Mario como ella saben que eso no sucederá.

Gracias a la terapia, Carlota comienza a ganar más confianza en ella misma y decide acercársele a Fabián para decirle que le gusta. De hecho, Federica (aún sabiendo que Fabián es gay) le dice a Carlota que se atreva a confesarle sus sentimientos al profesor, que viva por una vez; y así lo hace. Pero en ese momento, Fabián no sólo le aclara que no puede corresponderle por la relación maestro-alumna, sino porque además, es gay. Carlota, totalmente apenada y frustrada, sale estrepitosamente de la oficina. Se echa a correr odiando lo que dijo, odiando quién es y lo patética que seguramente fue. Cegada por el momento tan embarazoso, Carlota se atraviesa en el estacionamiento sin ver y un coche se impacta contra ella, dejándola tumbada en el suelo.

Claudia ha dejado de seguir a su esposo, por el contrario, se hace un cambio de imagen, se viste de diferente manera, y averigua de maestrías en la universidad donde estudió Biología. Se empieza a sentir diferente, JM ha empezado a notar eso y se siente cada vez más atraído por ella; además de que las sesiones de terapia de pareja van dando resultado positivo. Claudia decide aplicar para una maestría, en una de las entrevistas, recibe la llamada del grave accidente de Carlota. Claudia sale angustiada hacia el hospital para pasar los siguientes días con su hija y dedicarle todo el tiempo posible. Intenta llamar a Dalia, pero esta no contesta.

Magdalena está en una junta de trabajo cuando recibe un mensaje de Leonardo: es una fotografía en la que ella está con las tetas al aire, en cuatro, sobre la barra de un bar. Dos jóvenes le lamen los pechos. Es una fotografía de aquella fiesta desenfrenada que vimos antes. Seguido, recibe un mensaje de él chantajeándola: Magdalena debe depositarle una gran cantidad de dinero a Leonardo si no quiere que esa fotografía circule y que todo mundo además de verla en ese estado, se entere de que anda con un menor de edad.  Leonardo tiene 17 años y estar con un hombre tan joven es un delito.

Carlota está en el hospital recuperándose. A la primera persona que ve al despertar es a su madre Claudia, quien no se le despega. Lo primero que le pregunta Carlota a su madre es si Federica ha ido, Claudia le dice con pena que no, tampoco ha dejado llamadas. Carlota se desilusiona por completo y, a la vuelta de los días, se sorprende cuando es Julián quien va a visitarla.

Dalia finalmente recibe un mensaje de Adrián. Le dice que ha pensado las cosas y que está decidido, quiere regresar con ella y tener hijos, vivir como una familia, le dice que la ama y nada podrá cambiar eso.

Esto a Dalia le inyecta vida, de pronto, decide reordenar la casa, arreglarse el físico, incluso, se pone a escribir la crónica que ha quedado de entregar. Magdalena entra al consultorio de Mario Alcántara con una actitud de dominátrix. Mario, sentado en la silla de su escritorio, la recibe desconcertado pero antes de que pueda decir cualquier cosa, Magdalena ya se ha quitado la blusa, el brassiere y se ha sentado en las piernas de Mario moviéndose rítmicamente en su entrepierna.

Mario se excita y comienza a besarla en el cuello. Sus manos recorren la fina espalda desnuda de Magdalena hasta llegar a la abertura de la diminuta falda. En eso, un golpe a la puerta lo saca del sueño. Mario despierta de sobresalto en su propio diván, es su asistente que le anuncia que ha llegado su siguiente paciente.

JM comienza a hacer esfuerzos por acercarse a Claudia, a quien ve cada vez más independiente. Claudia, totalmente volcada en la recuperación de Carlota, no le da mucha importancia hasta que una noche, JM la invita a cenar y ella le confiesa que sabe de la amante. JM se queda frío pero Claudia, por el contrario, intenta hacer las paces con él. Le dice que lo que le ha dolido es la mentira y todo el tiempo que pasó pensando en los demás y no en ella. Su obsesión ha terminado. JM le pide perdón y le dice que dejará a la amante. Claudia le dice que no necesita una respuesta ahora, ella de cualquier manera tiene la cabeza enfocada en regresar a estudiar. 

Carlota regresa a casa, ya está más recuperada. Siente cierto impulso de hacer cambios en su vida: reordena su cuarto, saca cosas que nunca ha usado y se sienta ante la computadora para escribirle un mensaje a Federica. A través de este correo le dice que está cansada de atenderla y esperar limosnas de amistad dándole importancia antes a cualquier otro chico del que se enamoraba. Por otro lado, Carlota mira con sospecha a su madre, quien se comporta muy independiente últimamente; va a comer con su padre JM, quien le confiesa que está más enamorado que nunca de su mamá. Carlota siente un poco de asco por imaginárselos coger pero algo en ella le da gusto.

Magdalena, devastada por lo que ha pasado con Leonardo, paga el precio del chantaje y su libertad aunque está verdaderamente dolida. Magdalena llega a sesión con Mario lista para desahogarse con la única persona que la conoce realmente. Pero antes de que ella pueda decir nada,

Mario es quien se sincera y le dice que no podrá seguir atendiéndola porque está empezando a sentir una atracción por ella.

Se despiden en un sentido abrazo de años de relación psicólogo-paciente que trascendió a una amistad. Magdalena sale devastada, sabe que tiene que tomar decisiones.

En una mezcla de sueño y alucinación de Dalia vemos de nuevo su infancia: ella jugando con Adrián de niños. Su madre, alcoholizada, los mira retozones y llama a Dalia. Dalia solo voltea a verla con miedo.

Carlota comienza a bajar de peso a raíz de que tiene una mejor relación con la comida y los medicamentos que todavía toma para el dolor. Julián se ha convertido en un amigo cercano y pasan mucho tiempo juntos.

Magdalena habla con Fernando quien la acompaña y la mima,  le dice que está harta de esta vida que ella sola ha decidido; la felicidad debe de estar en otra parte. Fernando le pregunta cuál es esa felicidad, Magdalena solamente puede decir: Granada. Fernando y Magdalena brindan. Así, Magdalena toma la decisión de irse de la ciudad con su amigo, que es su refugio, y reiniciar su vida en otro lugar.

La amante de JM va a buscar a Claudia y le dice que quería conocerla. Claudia queda sorprendida por la mujer que viene a verla: no es para nada la mujer que se imaginó (alguien como Magdalena) sino una mujer bastante normal. La amante le dice que no se imagina por qué JM le pintaría el cuerno a una mujer tan resuelta como ella; tienen una conversación sorora, empática… Claudia queda impactada por el encuentro y hasta escucha atenta a la mujer visiblemente triste porque JM la ha dejado. Claudia entiende el abandono y el amor pasional desde otro lugar. Ese día, coge como nunca con JM.

Magdalena comienza a hacer arreglos para tramitar su mudanza y a poner su vida en cajas. Una noche, organiza una fiesta con amigos cercanos, entre ellos, Fernando. Tiene un momento de sinceridad con él en el que le confiesa que su familia verdadera es él. Se abrazan emocionados de la vida que les espera por delante. En esa fiesta, Magdalena charla también con una mujer a la que ha visto antes, tiene una conversación profunda en la que hablan del camino que ellas han tomado y la posibilidad de replantearse sin importar la edad que tengan. Magdalena y esa mujer desconocida cogen aunque no de la manera frenética a la que Magdalena está acostumbrada.

Claudia comienza a asistir a sus clases y a tomar cafés con su nueva amiga incómoda: la examante de su esposo. En terapia, revela los prejuicios que tiene de las mujeres, confiesa que probablemente tenga que ver con la figura materna que tanto su hermana Dalia, y ella tuvieron… y Adrián. Queda sobreentendido el rol que ella tuvo que adoptar de cuidadora de Dalia.

Magdalena va a ver a su madre, quien vive en un lujoso departamento. Magdalena está ahí para darle la noticia de que se irá a vivir a otro lugar, pero la madre no puede mas que hablar de sí misma y ponerse de víctima por la condición que padece. Magdalena hace varios intentos por contarle las buenas nuevas pero se da cuenta de que es inútil y desiste. Se despide de su madre como cualquier otro día. Magdalena termina de empacar mientras bebe de una copa de vino, está preparada para lo que viene.

Continuidad del sueño de Dalia: Su madre llama a Dalia cada vez con más insistencia, ella se aleja de Adrián niño y se mete a la casa. La madre le dice a Adrián que vaya a ordenar su cuarto y que deje a su hermana terminar su tarea. Dalia amanece, parece que ha llorado toda la noche, en vez de sentir el gozo que todos hemos estado esperando, se desmorona.

A pesar de lo mucho que deseaba ese mensaje, nada puede sacarla de su depresión: está rota y siempre lo estuvo.

Dalia despierta con el sonido del timbre: es Carlota. Dalia intenta ordenar su habitación pero es inútil, hay montañas de ropa y basura por doquier. Dalia cierra su habitación y sale al encuentro con Carlota. Ambas pasan el tiempo juntas y a pesar del profundo dolor que Dalia siente, ríe con la mordaz sobrina que tiene. Carlota le dice que tiene que confesarle algo: siente algo por alguien que no debería. Dalia la mira con ternura. Carlota le dice que le gusta el exnovio de su exmejor amiga. Dalia la tranquiliza y le dice que en el corazón no se manda y que deje las cosas fluir tranquilamente. Carlota y Dalia pasan una tarde placentera

El inusual sueño profundo en casa de Carlota y Claudia es interrumpido por el sonido de un disparo. Quietud. Seguido, comienzan los intento de varias llamadas. Claudia finalmente la toma: es una noticia terrible. Claudia se encamina a casa de Dalia, para cuando llega, ya hay ambulancias y la patrullas anunciando que algo terrible ha sucedido. Dalia entra a la casa y un oficial le da la noticia:

Dalia se ha suicidado. Claudia, reconoce el cuerpo de su hermana y el caos en el que ha estado viviendo.

Carlota se despierta sola en casa. En eso, llega Claudia con el rostro desencajado, le cuenta lo sucedido. Carlota se deshace en el piso y llora desconsoladamente. Estas imágenes se entrecruzan con un  FLASHBACK A LA INFANCIA: Claudia consuela a su hermana Dalia, su madre grita de fondo diciendo que ella no  hubiera deseado nunca ser madre: lo peor que le pudo haber pasado fue tener hijos y les grita por último: “ustedes no se embaracen, no tengan hijos. Tener hijos les arruina la vida… y peor si es con un hombre como su padre. Ese hombre siempre pareció muerto”.

Carlota sale de su casa y se cruza con Magdalena cargando cajas. Magdalena le pide ayuda a su vecina. Carlota accede y le pregunta a dónde va. Ella le cuenta que se irá a a Granada. Carlota, tímida, le dice que la van a extrañar. Magdalena arruga un poco el ceño ignorando que era el entretenimiento de sus vecinas. Carlota se siente en confianza y le cuenta todo el drama en su casa, sus inquietudes, su penosa virginidad. Magdalena siente una enorme ternura por esa adolescente, se limita a abrazarla y le dice “Estarás bien, es cuestión de tiempo, te lo aseguro”.

Claudia también ha puesto en cajas la vida de su hermana y su infancia en la casa que era de sus padres. Tanto dolor debe quedar atrás. JM la ayuda a vaciar las habitaciones; su trato es mucho más cercano, Claudia se sincera con JM y le cuenta de su infancia. No más secretos.

Pasan los días Carlota ve cómo su madre se ha vuelto independiente y avivada, se hace cargo de todos los trámites tras la muerte de su hermana. La mira por primera vez con admiración.

La crónica de Dalia se publica: es acerca de ese viaje a India que fue el único momento en el que encontró sentido a su vida y sobre su amor imposible. Nadie puede ir a sanar algo a otro lugar si no puede ir al fondo de sí mismo. Claudia y Carlota cierran el ciclo con su tía.

Carlota está en su casa con Julián, intentan cocinar pero hacen un desastre. Se divierten mientras lamen el bote de Nutella. Después, en su habitación, Carlota le lee cosas que ha escrito, Julián está maravillado escuchándola, no sólo por su inteligencia: la adolescente frente a él, le excita. Carlota deja de leer notando que la vibra ha cambiado. Julián se le acerca y comienzan a besarse;

Carlota ha encontrado el cómplice que tanto ha buscado.

Magdalena camina despacio por el largo pasillo del aeropuerto. Su ritmo es otro; avanza dos o tres tiempos atrás de la composición musical que el resto de los viajeros ejecuta; lleva la cara limpia de maquillaje, pantalones holgados, chamarra de plumas, zapatos tenis, y un vaso de café en la mano. No hay maniobras de conquista, no hay búsquedas desesperadas, no está alerta, no va olfateando. Ya en el avión, su compañero de asiento la saca de su estado contemplativo. —¿Te pido algo, preciosa? Suéter de casimir, vientre plano, superávit de loción, superávit de ego, mocasines de diseñador, reloj Montblanc de empresario en la mano derecha, argolla de matrimonio en la izquierda y mirada de cínico añejo, reposado en barrica de aburrimiento. Magdalena lo mira unos segundos, saca de su bolsa las pastillas para dormir, toma dos y después de girar la tapa para cerrar la botella de agua, responde: —No, gracias, buenas noches. Saludos a tu esposa. Se acurruca contra la ventanilla dándole la espalda y lanza una última mirada al paisaje antes de volver a su libro. Su rostro equilibrado se refleja en el cristal, mientras el tapiz de luces de la ciudad se va quedando cada vez más lejos.

PERSONAJES

Carlota

Carlota es una adolescente llena de dudas que cuestiona todo lo que la rodea. No es una niña común, es muy diferente a las jóvenes de su edad. Tiene una inteligencia, razonamiento y lucidez agudos así como un sentido del humor mordaz. A Carlota le encanta el teatro y la literatura; principalmente, las palabras. A su corta edad domina Shakespeare y escribe sus propias obras en la intimidad de su habitación, en la soledad de su insomnio. 

Vive con su madre Claudia y su padre, quienes tienen un matrimonio que va cada vez más en deterioro, detesta la manera en la que su madre sufre como una víctima las decisiones que ella misma ha tomado. Para Carlota, su madre representa todo lo que ella no quiere ser. Por otro lado, fantasea con la vida de su vecina Magdalena, quien entra y sale con hombres cual femme fatale y parece muy independiente; también, siente ciertos celos de su mejor amiga Federica, quien no solamente es guapa y esbelta, sino que tiene una seguridad envidiable a pesar de no ser precisamente inteligente. Carlota es sumamente autocrítica con su cuerpo, odia las redondeces que la hacen parecer mucho más robusta que las otras adolescentes de su edad. Vive angustiada con su apariencia y llena de inquietudes de su virginidad, deseando un cómplice que le ayude a perderla. 

Por las noches, y casi como una extensión de su insomnio, Carlota hace escapadas a la cocina, abre el refrigerador y comienza a devorar cuanto le cabe. Come con agresividad, disociando lo que se mete a la boca y la saciedad en su estómago; hay un vacío en ella que parece no tener fondo.  

Secretamente, Carlota quisiera pedirle ayuda a su madre, que la lleve al nutriólogo, que pueda sentir su apoyo; pero le gana el orgullo y el miedo a lo que ella pueda pensar, prefiere quedarse callada. A pesar de esto, Carlota tiene una mejor relación con su tía Dalia, a quien intenta visitar seguido, la admira por su inteligencia y la distancia que ha puesto hacia la vida doméstica para dedicarse a lo que más le gusta hacer: escribir. Para Carlota, su tía Dalia es una mujer elocuente, misteriosa y de mentalidad abierta.

Claudia

Claudia es madre de Carlota y hermana mayor de Dalia y Adrián. Estudió Biología pero nunca se atrevió a ejercer su profesión, inquietud que últimamente ronda en su cabeza aunque en realidad no hace nada para cambiarlo. 

Es una ama de casa de clase alta frustrada, atrapada en un matrimonio distante e insípido. Se siente aburrida, desubicada, ahogada en el sinsentido de la vida doméstica. En esta pérdida de control sobre sus propias decisiones, comienza a dudar de todo lo que le rodea, incluso, de la fidelidad de JM (su esposo) a quien cela constantemente al grado de la obsesión pues Claudia se pondrá en modo detective para llegar al fondo de sus sospechas. Es completamente inapetente, con una sexualidad nula; apenas tiene vagos recuerdos de cuándo pudo haber sido la última vez que tuvo relaciones con JM y por lo visto, esta ni siquiera fue una ocasión para rememorar. 

Por otro lado, envidia la vida que tiene su vecina Magdalena, quien aparenta ser muy resuelta e independiente; tan libre del qué dirán… con una vida tan excitante y tan lejana de su realidad del día a día de elegir el menú de la semana, mantener la casa limpia y hacer las veces de mamá de su hermana Dalia con quien también tiene una relación compleja y difícil.

Al mismo tiempo, Claudia se autocritica con dureza todo el tiempo. Se considera sosa, tonta, aburrida, mala amante. En su cabeza rondan pensamientos como “con razón Juan Manuel me pone el cuerno”. Se considera limitada, dependiente, temerosa de su propia hija, con quien además, tiene una relación incómoda y se comporta sumisa: no puede ni darle un beso de despedida en la mejilla en público. Sus intentos de acercarse a su propia hija resultan torpes y hasta derivan en problema.

Magdalena

Magdalena es vecina de Claudia y Carlota. Físicamente es una mujer viviendo plenamente sus 50: es hermosa, de cuerpo atlético, exitosa, independiente y de personalidad magnética para hombres como mujeres… o al menos eso es lo que proyecta a sus vecinas espías pues, por dentro, padece la carga de la hípermasculinzación de una mujer triunfante en un mundo empresarial dominado por hombres, a donde va es el centro de atención. Esa seguridad que aparenta y su personalidad frenética, sobreexitada, con una vitalidad desbordante, en realidad envuelve una frustración creciente; no hay nada que desee más que volver a sentir inspiración y gozo por la vida. 

Harta de mantener la imagen siempre perfecta para el trabajo o para coger, a veces fantasea con claudicar, de dejarse la panza, las piernas velludas, vivir en pants o en pijama, irse a París como lo hizo su mismo padre o a Granada, hornear bollos y venderlos o comérselos ella misma… pero no se atreve. Por el contrario, calma su ansiedad con one night stands o fumando cigarrillos sin parar haciéndole la guerra a su insomnio. Desea liberarse de todo, hasta de su madre quien tiene una enfermedad crónico degenerativa y la chantajea con tal de que la siga asistiendo; Magdalena la maldice y hasta le desea la muerte pues piensa que haber sido hija única es una maldición. No confía en los hombres, salvo con su mejor amigo Fernando; su madre le repetía que su padre era un ser detestable. Sus únicas otras relaciones estables son Raúl, el hacendoso portero de su edificio, Martín, el chofer que la lleva del trabajo a la oficina; y Lilana, su eficiente asistente. Todo la atienden y se desviven por ella, en parte, por su imponente belleza y en parte porque la ven sola y algo perdida.

Desde hace un tiempo, Magdalena va al consultorio de Mario Alcántara, el terapeuta con quien ha logrado avances para tratar su insomnio; con él se quita el traje de emperatriz. 

Gracias a ella, sus vecinas curiosas comenzarán el tratamiento por esta condición compartida. 

Aunque la imponente personalidad de Magdalena inspira y motiva a otras mujeres a su alrededor, detrás de esa aparente hembra indomable se esconde una gigantesca vulnerabilidad; y detrás de esa seguridad, se esconde un gran vacío que nada, ni su agitada vida, ni nadie pueden llenar.

Dalia

Dalia es una escritora de crónicas de viaje, una lectora voraz y ermitaña. Su semblante es meditabundo y si se le mira cuidadosamente, se puede adivinar una honda tristeza. Dalia es la hermana menor de Claudia, con quien tiene una relación distante a diferencia de su sobrina Carlota, quien va a visitarla con frecuencia. 

Dalia vive en la casa que era de sus padres, quienes murieron cuando ella era todavía una niña… y de quienes no tiene recuerdos buenos. Para ella, es gracias a ellos que su vida está rota. Se siente desprotegida, inestable y perdida. 

La realidad es que sufre la separación más dolorosa de su vida: vive el inmenso dolor del desamor. El insomnio, la depresión, la desesperación y el alcohol la han consumido lentamente. Hace tiempo que casi no come y malvive; ha adelgazado al grado de estar en los huesos. Claudia, su hermana, la vigila preocupada de su condición y de una verdad detrás difícil de soportar: el amor pasional entre Dalia y Adrián, su hermano menor. Dalia percibe la preocupación de Claudia soberbia y juzgona; es cortante durante las llamadas que Claudia le hace invitándole a pasar fiestas o fines de semana en su casa; prefiere aislarse pues le parece que el acercamiento de su hermana es con aires de superioridad moral. 

Dalia escribe cartas a su amado Adrián con una dosis de pasión y otra tanta de culpa; está tan al borde de sus emociones que tiene que desahogarlas con alcohol y pastillas para dormir. A pesar de que Claudia le propone ver a un terapeuta para tratar su insomnio, Dalia se niega y solamente toma los medicamentos. 

Mario Alcántara

Mario es un reconocido psiquiatra, especialista en trastornos de sueño. Tiene el pelo completamente invadido por las canas, un cuerpo atlético, rostro anguloso y una mirada aguda que no sabes si es de tristeza o de profundidad. Está casado con Ángela y tiene una hija llamada Tania, con las que tiene una relación cada vez más distante. Su esposa le reclama constantemente que de lo único que está enamorado es de su profesión y de entender a todos menos a ella. Que esa fantasía de entender y acercar a la salud a otro es a costa de su familia y de sí mismo. Él sabe y le pesa, que para su hija es solo un referente de ausencia y brumosa identidad. 

Mario atiende a Magdalena desde hace 12 años en un impresionante consultorio con vista a toda la ciudad. Para él siempre ha sido estimulante y refrescante verla pero se empieza a conflictuar porque comienza a fantasear con las historias de su paciente y eso es antiético en su profesión. Así que el mismo, a su pesar, le pide acabar con las sesiones. Va a intentar reestablecer el vínculo con su propia familia. 

CREADO POR

Juana es una actriz, productora y creadora de series y películas colombiana-española que ha participado en más de 60 películas y series de televisión. Estudió Bellas Artes en Colombia y Arte Dramático en España, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera en los últimos 20 años. 

Actualmente, se encuentra desarrollando y coproduciendo con Infinito Studios “De lo que no se habla”, un thriller psicológico situado en España y Colombia, “Esto también pasará” el dramedy sobre la crisis de los cuarenta, además de la adaptación de la novela “Las noches habitadas” de la autora mexicana Alma Delia Murillo. 

Juana ha participado en numerosos largometrajes como “Perfectos Desconocidos”, “Las consecuencias”, o “El inconveniente” este último, por el que fue nominada a los premios Goya de la Academia Española; su trabajo en TV incluye series como “El Inocente”, “Velvet” o “Crematorio” este último, le valió el premio a la mejor actriz de TV de la Unión de Actores de España.

Valentina Acosta

Valentina Acosta es una actriz, creadora y productora colombiana. Recientemente, se ha desenvuelto como creadora de varios proyectos para televisión en desarrollo. Algunos de estos son: el dramedy “Oceánica” y “La Isla”. 

Actualmente, con su productora Calité Films se encuentra desarrollando y coproduciendo con Infinito Studios “De lo que no se habla”, un thriller psicológico situado en España y Colombia, así como el dramedy “Esto también pasará” y la adaptación de la novela best-seller “Las noches habitadas” de Alma Delia Murillo. Recientemente, coproduce con Infinito Studios la película “Del otro lado del Jardín” , adaptación del libro de Carlos Framb.

Valentina tiene una carrera de 20 años como actriz y ha participado en varias series de televisión que han sido producidas tanto en México como en Colombia, por mencionar algunas: “Merlina mujer divina”, “A mano limpia”, “Señora Acero”, “Enemigo íntimo”, “Tijuana” y “El Chapo”. Ha trabajado con las plataformas más importantes de América Latina, como RCN Televisión, Telemundo y Netflix, entre muchas otras. Sus créditos en el cine incluyen la película “Carrusel” y “Pablo”. Ha participado en varias obras de teatro, como “No sé si cortarme las venas o dejármelas largas”, “La forma de las cosas”, y “Carta a una desconocida”.

Luz Adriana es una escritora, guionista y creadora de series y películas con residencia en la Ciudad de México. Inició su carrera como productora de cortometrajes, entre los que destaca Día de Muertos (2015), Selección Oficial del Festival de Cannes de 2016. 

Ha producido series y películas animadas en Ánima Estudios, como Legend Quest (Netflix, 2017) o Cranston Academy: Monster Zone (Prime, 2021). Desde 2018 escribe para series como el thriller La Muchacha Que Limpia (HBO Max) así como el documental Ni Una Menos, una producción chilena de la casa productora Cábala y el largometraje Drunk Mom, basada en la novela de la autora polaca Jowita Bydlowska. 

Luz Adriana crea y desarrolla proyectos para Calité Films, una productora colombo-española centrada en desarrollar y producir historias desde una mirada femenina tan compleja como sensible, entre estas, el thriller generacional De lo que no se habla, el dramedy sobre la crisis de los cuarenta Esto también pasará y el thriller coming of age  Las Noches Habitadas, una adaptación de la novela homónima de Alma Delia Murillo. 

PRODUCIDO POR

Calité Films es una empresa de creación y desarrollo de contenido para series, películas y teatro con sede en Madrid y presencia en Colombia, México y España. Las fundadoras son las hermanas Juana Acosta y Valentina Acosta, ambas nacidas en Cali, Colombia y con una larga trayectoria como actrices en producciones de Netflix, Amazon Prime, HBO, entre otros. Juana ha protagonizado películas como Perfectos Desconocidos, El Inconveniente, Anna y series como El Inocente. Por su parte, Valentina ha destacado en series como El Chapo, Enemigo Íntimo, Señora Acero y A Mano Limpia, entre otras.

Juntas, vieron la necesidad de fundar una productora que tuviera como corazón historias inspiradas en mujeres, con personajes protagónicos femeninos potentes y que hablaran desde lo profundo de las preocupaciones, las motivaciones y cuestionamientos de la mujer, libres de estereotipos y mirando hacia adentro de la intimidad de lo femenino: un universo tan complejo como diverso. 

Calité Films tiene como misión ser un espejo; un punto de apoyo para crear complicidad a través de historias universales que exploren la condición humana y retraten realidades y personajes en toda su dimensión y profundidad con una mirada tan crítica como sensible. Y que logren, finalmente, un camino hacia el empoderamiento pero, sobre todo, hacia la empatía.